Método Montessori

EL MÉTODO MONTESSORI: APRENDIZAJE POR DESCUBRIMIENTO.

Educar es, quizá, la tarea más difícil a la que nos enfrentamos los padres. Nos suele generar dudas, miedos, esa terrible sensación de “no sé si lo estoy haciendo bien”, inseguridades a porrillo y alguna que otra frustración cuando las cosas no salen como lo habíamos planeado. No pasa nada, todos esos sentimientos son normales y comunes. No existen fórmulas mágicas, no existen dos niños iguales, ni dos familias iguales, ni siquiera dos situaciones iguales. Pero sí hay métodos educativos que podemos entender desde el minuto uno porque son claros, lógicos, respetuosos y, lo más interesante, funcionan bien desde hace décadas. Hoy nos gustaría hablar del Método Montessori, uno de los métodos más famosos en el mundo de la educación infantil mediante el juego.

¿Qué es el método Montessori?

Para conocer los orígenes de los métodos Montessori vamos a trasladarnos a un barrio humilde de la Roma de finales del s XIX donde la doctora y docente María Montessori empieza a trabajar con niños marginados por la sociedad, considerados “perturbados mentalmente”. Observando primero a estos niños “ineducables” jugando con lo único que tenían -unas migajas de comida- se dio cuenta de la necesidad imperiosa que tenían de poseer objetos para tocar que les facilitaran sus necesidades de actividad, de descubrimiento, de despertar su curiosidad e intelecto. Con un enfoque médico y humanista elaboró un método educativo con el que consiguió que estos niños “ineducables” se presentaran a los exámenes de las escuelas regulares y aprobaran con buenas notas. Y si su método había funcionado con estos niños, tendría que funcionar con todos. Influenciada por la obra de dos médicos franceses Jean Itard y Eduardo Séguin y del suizo Johan Heinrich, el método Montessori se basa en la necesidad de favorecer el desarrollo natural de las aptitudes del niño a través de la autodirección, la exploración, el descubrimiento, la práctica, la colaboración, el juego, la concentración, la imaginación y la comunicación.

Entrevista íntima a tres sonajeros de moda

Método Montessori vs métodos educativos tradicionales.

La filosofía pedagógica del método Montessori se aleja de forma clara e inequívoca de los métodos educativos tradicionales. Mientras los segundos son sistemas rígidos basados en el cumplimiento de determinados criterios de evaluación académica, con horarios estipulados, fomentando la memorización y la competitividad, el método Montessori se fundamenta en la espontaneidad y en las elecciones del propio niño; su teoría se basa en un postulado claro: las personas nos autoconstruimos psicológicamente a través de la interacción con el entorno y tenemos una tendencia innata al desarrollo personal. Para Montessori, en el respeto y la promoción de la independencia del niño está la clave.

 

Montessori: aprendizaje por descubrimiento.

Los niños poseen una capacidad casi ilimitada para adquirir nuevos conocimientos, primero a nivel inconsciente y luego a nivel consciente. Este método le otorga al peque un papel activo en su propio aprendizaje. Con un carácter claramente constructivista, entiende que las personas aprendemos más y mejor mediante el contacto directo, la práctica y el descubrimiento que a través de la instrucción pura y dura. Es esencial por lo tanto utilizar un entorno preparado, adaptado a las necesidades del niño en función de su edad. Todos los elementos han de estar a su alcance, a la altura adecuada y dentro de un espacio que propicie el movimiento y la realización de las actividades. Un entorno limpio, ordenado, estéticamente atractivo y que cuente con elementos naturales.

Potenciar que descubran por si mismos es fundamental y necesitamos para ello elementos, juguetes, juegos, piezas, etc construidos en materiales naturales como la madera o las telas y que sean educativos a la par que atractivos para ellos.

Los cuatro periodos sensibles.

La filosofía Montessori entiende pues que la mente del niño es per sé absorbente, se impregna de la información de su entorno y la interioriza. Eso sí, destaca cuatro principales periodos sensibles para ciertos aprendizajes. Como dijo María Montessori: “Los períodos sensitivos son puntos sensibles que atraen a los niños a involucrarse intensamente en lo que les interesa; por ello necesitan trabajar a su propio ritmo, sin horarios, a través de la actividad, mediante la cual se construye su inteligencia, y necesitan la repetición continua”

Estos periodos se dan tanto de manera individual como superpuestos y son los siguientes:

  • Agudización de los sentidos: desde el primer año hasta los cinco. Ideal en esta etapa para desarrollar los sentidos son las “cajas de los tesoros”, una caja o cesta con materiales variados como sonajeros de madera o tela, doudous de telas con diferentes texturas y todos aquellos juguetes susceptibles de ser inspeccionados a nivel táctil, auditivo y, por qué no, olfativo.
  • Movimiento: desde el nacimiento hasta los tres años. Esta etapa es clave en el desarrollo de la movilidad muscular, equilibrio y coordinación. Pelotas montessori de tela son ideales para potenciar su desarrollo, juguetes de arrastre cuando son muy peques y juegos que potencien su motricidad fina.
  • Lenguaje: desde antes de nacer hasta los seis años. En esta etapa irrepetible los niños están en su momento más apto para desarrollar el lenguaje y hay varias formas de potenciarlo para que tengan una buena base, esa semilla que plantaremos para que siga desarrollándola toda su vida. Cartas de letras, alfabetos en madera… no se trata de forzarles para que aprendan a leer ya, se trata de ayudarles en un momento de su vida en el que están más preparados para absorber estos conocimientos.
  • Orden y organización: desde el primer año y medio hasta los cuatro. Lo ideal es que las áreas de juego del niño tengan las cosas claramente ordenadas. De esta forma, poco a poco se van acostumbrando a que cada cosa tiene un sitio y que si después de utilizarla la guardamos en su lugar, cuando la volvamos a necesitar la encontraremos sin problemas.Es pues importante que en su zona de juego cuente con estantes, cajas y contenedores para guardar su material de juego y aprendizaje.
  • Comportamiento social: a partir de los dos años hasta los seis. Es la etapa del desarrollo de la sociabilidad. Su interés cada vez mayor por las relaciones con sus iguales se ve potenciada con juegos de cooperación, de imitación de roles… Jugar con muñecas o los clásicos juegos de cocinitas son ideales a esta edad tanto para niños como para niñas.
  • Sensibilidad musical: a partir de los dos años. Aunque es cierto que ya desde que nacen los bebés demuestran interés en la música y el ritmo, la sensibilidad musical más aguda se empieza a desarrollar a partir de los dos años. Esta etapa es perfecta para introducir conceptos de notas (no de manera gráfica), juegos de reconocimiento de instrumentos y de instrumentos sencillos de percusión.
  • Descubrimiento matemático: de los cuatro a los seis años la capacidad de entender abstracciones matemáticas como saber cuántos años tiene, cuántas letras tiene su nombre o cuantos trozos de fruta tenemos en el plato.
  • Control de los esfínteres: entre el año y medio y los tres años. Hay diferentes maneras de reaccionar ante el control de los esfínteres. Algunos se arrancan el pañal y otros prefieren llevarlo aunque sean cada vez más conscientes de que están haciendo pipi o caca. En esa edad los niños encuentran el momento idóneo para dejar de utilizar pañales.
  • Relación con el espacio: A partir de los tres años empieza el desarrollo de las capacidades de interacción y respuesta a los espacios que le rodean. Juegos de bloques, de construcción y de imitación son muy positivos en esta etapa.

 

Juguetes Montessori.

Juegos y juguetes en materiales naturales, realistas, manipulables y adecuados a su tamaño. Estimulan el deseo de conocimiento e independencia. Deben estar orientados a impulsar la autoestima, la confianza y la percepción de valía. En su fabricación se emplean componentes de alta calidad y materiales como la madera, el cristal, los tejidos biológicos o el papel que estimulan su imaginación, son más duraderos y producen una mayor conexión con la naturaleza. Juegos para desarrollar la psicomotricidad fina, de apilar, juegos de baño, juego simbólico, instrumentos musicales, de contrucción, puzzles…

 

Aprender jugando es, sin duda, un placer. Y está en nuestra mano que nuestros hijos tengan las herramientas más adecuadas.